1. Da gloria al Señor, de rodillas adórale
en la hermosura de su santidad,
tu plena obediencia cual oro
ofreciéndole
con el incienso de grata humildad.
2. Echada a sus pies esa carga que
oprímete,
la llevará sobre su corazón;
tus penas te quitará,
limpiando tus
lágrimas,
guiando tus pies a mayor bendición.
3. En sus santos atrios adonde convídate,
aunque eres pobre no temas entrar;
la firme, constante fe y el puro,
sencillo amor:
tales ofrendas pon sobre el altar.
4. Y cuando tú vayas temblando a
llevárselas,
por su Hijo amado las aceptará;
y tras noche lúgubre habrá aurora
espléndida:
gozo, alegría y paz te dará.
E. L. Maxwell
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